Gran Comendador de los Creyentes, Iluminado Pastor de los devotos y fieles paqqueleros, Divino y Gran Profeta Presi:
Más que una crónica, tienes ante tus ojos una confesión.
Pero la culpa fue, en el fondo, de Bullas. Previamente a los hechos, nos había vapuleado de forma inmisericorde en reiteradas ocasiones, con roscos incluidos. Dominaba de forma tiránica las últimas tres ediciones, así que decidimos asaltar el liderato, por lo civil o por lo criminal.
Todo empezó cuando, casualmente, coincidimos en el vestuario Tali, Mercenari, Grey Hair, Isurus, Big Brother, Lendl, Burningballs, El Fede y yo mismo. Fue el germen que luego se extendió.
El caso es que, reunidos en el vestuario, germinó la idea de acabar con el reinado de Bullas.
Fielding coincidía en la concurrencia, cuando menos, de atenuantes en nuestra actuación, incluso eximentes, por haber sufrido en carnes propias las artes padelísticas de Bullas. Por su parte, The Young aportaría su sapiencia jurídica en caso de ser precisa.
Descartada la opción deportiva, por precisar de aptitudes y talentos de los que carecemos, y limitado el progreso deportivo por la crisis económica, que nos impedía contratar clases de perfeccionamiento, decidimos tantear el lado oscuro de la Fuerza.
Optamos por una primera actuación poco agresiva: quizás los astros se habían conjurado para derrotar a Bullas, por lo que examinamos su horóscopo.
«Amor en abundancia. Trasnochar te reportará alegrías de todo tipo que no podrás abarcar, especialmente el viernes. Pero, sobre todo, no te borres del plus».
Ni una sola premonición del tipo «perderás al pádel», «te arrebatarán el liderato» o «te vas a ir de la pista con una bicicleta».
—Esto del horóscopo ya no es lo que era; antes era mucho más de fiar y había más profesional —apuntó Biker.
Decepcionados, pero no desanimados, optamos por una intervención más directa y personal.
Abordamos a Skywalker, que estaba en la terraza intentando mover objetos con la mente.
—Luke, necesitamos que nos ayudes a controlar el reverso de la Fuerza —dijo…
—¿Cómo? —dijo Luke, fingiendo sorpresa.
—Sí, que nos enseñes los poderes de la Fuerza; lo necesitamos para derrotar a Bullas —añadió…
—Vamos a ver… que lo de Skywalker es solo un mote, que no tengo poderes… pero, aparte, el que dominaba lo del lado oscuro es Darth Vader.
Luke desconocía que lo habíamos sorprendido mientras entrenaba mentalmente diversos golpes de drive. Que hasta el momento no hubiera conseguido mover la pala solo significaba que necesitaba más concentración.
Sin embargo, su tercer razonamiento nos había situado en la ruta correcta. Y la suerte nos sonreía: a pocos metros reposaba Brickman, sin su máscara puesta.
—Brickman, nos envía tu hijo —dijo Puntinya.
—Necesitamos los poderes del lado oscuro para ganar a Bullas —añadió Vamosrafa.
—Mirad… una cosa es que me ponga su foto en el Pàqquel y otra muy distinta es que me confundáis con él.
—¿Entonces no nos vas a ayudar? —dijo Cranesman.
—Ya os he avisado varias veces de que jugar a las 12 de la mañana en agosto os va a afectar al entendimiento.
Todos percibimos que Brickman se reservaba el uso de sus poderes para su disfrute personal, bien en sus encuentros con Woodman, bien con Zizoú.
Fue entonces cuando Tocapelotaris propuso acciones más radicales, así que llamamos al prestigioso vidente Sandro Rey.
Amablemente, JR ofreció su móvil con la promesa de una única llamada. Tras 17 minutos de espera, fuimos atendidos.
—Deja que hable yo, que me explico mejor —dijo Dandy.
—Sé escueto, que esto es muy caro —dijo… Patacó.
—Bendiciones, ¿qué problema tienes, amigo?
—Con el Bullas, que no hay manera de ganarlo.
—Ah, amigo, veo que tienes un problema amoroso. No se deja ganar para el amor, ¿no?
—No, no, no, qué va, que a la que me descuido me mete un rosco.
—Huy, amigo, entiendo, es un amor muy difícil.
Dandy se dirigió a Mercenari.
—Oye, explícale tú, que este tío es muy raro.
—Pues ahora mismo hago un conjuro para que Bullas se enamore locamente de ti… —proclamaba Sandro Rey.
La rapidez con la que Dandy colgó el teléfono le habría hecho campeón del mundo de pádel si dicha velocidad fuera extrapolable al manejo de la raqueta.
No solo no avanzábamos en la dirección adecuada, sino que íbamos por el camino invertido.
A estas alturas, más que tantear el lado oscuro, lo estábamos atravesando de lado a lado. Y cuando uno está inmerso en la pendiente, apenas percibe si la inclinación se acentúa. En consecuencia, optamos por acudir a la magia negra.
Willy Fog, fruto de sus viajes por el mundo, tenía la dirección del mago cubano Mago Vidente Tutú, el cual ofrecía no solo unos orígenes remotos y exóticos, sino también una garantía de sus servicios que acreditaba mediante la entrega de un certificado por él mismo. Era evidente que no era un timador.
Tras siete minutos de regateo, acordamos la compra de un kit de vudú por un precio razonable que, si bien nos pareció caro, el Mago Vidente Tutú nos convenció con argumentos irrefutables:
—Pensad que yo ya sabía que ese iba a ser el precio final. Y también que os iba a parecer caro.
La pregunta de Tocapelotaris sobre si también sabía que íbamos a maldecir a toda su parentela coincidió con el portazo que apremiaba el abandono de tan clarividente consulta.
Sin embargo, ya habíamos conseguido el preciado material con el que procederíamos a destronar a Bullas, y que consistía en un pequeño muñeco reproducción del mismo y un alfiler sazonado de perversas magias negras.
Ya solo nos faltaba un mínimo componente personal de Bullas, esencial, por otra parte, para la efectividad del vudú, que nos permitiera combinar todos los elementos.
Por suerte, An Solo se ofreció para, con su Halcón Milenario, subir hasta el balcón de Bullas, introducirse en su dormitorio y conseguir de la almohada unos preciados cabellos con los que realizar los conjuros del vudú.
Descartamos el ofrecimiento de Portman de trasladar una grúa portuaria, propuesta que contaba con el apoyo entusiasta de Cranesman, pero que valoramos como poco operativa.
Solicitamos voluntarios, con el requisito de venir con ropa de camuflaje. Wally, pese a ello, se presentó con un jersey a rayas rojo y blanco, motivo por el cual fue descartado para participar.
Kellogs se ofreció para la misión, y también Blondie y Primera Dama, pero An tuvo que recordar que la nave era biplaza y añadió que bastantes multas le habían puesto ya.
—Además, es todo zona verde —sentenció Platypus.
Introducidos en el inmueble, Kellogs hizo un alto en la cocina y devoró varios paquetes de cereales que descansaban sobre la mesa, pese a ser de la competencia, o quizás por esa misma razón.
Afortunadamente, la casa estaba vacía, por lo que no hubo problema alguno en acceder al dormitorio y recoger unos cuantos cabellos.
El plan se cerraba. El Goma, Nonick y Martillo habían quedado con Bullas para jugar mañana. Reunidos esa misma noche, acordamos un ligero pinchazo en el supraespinoso que lo mantuviera en reposo una buena temporada. Así que preparamos el muñeco, los cabellos y el alfiler, y esperamos a que se recibiera un WhatsApp de Bullas anunciando su imposibilidad de jugar.
Es la culpa la que suscribe esta confesión, gran Comendador y Presi paqquelero.
Grey Hair, que tenía partido con Il Padrino, nos leyó el WhatsApp que acababa de recibir de Il Padrino:
—Muchachos, mañana no puedo jugar. Inexplicablemente me acabo de romper el supraespinoso.
Autautaut · 30 de agosto de 2012
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